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Xavier Ramos Vilar : Mirada desde un adolescente en 2020

Xavier Ramos Vilar : Mirada desde un adolescente en 2020

Mi historia de vida comienza el día de mi cumpleaños, el 11 de marzo de 2020, porque ese día me marcó profundamente, yo estaba frente al televisor junto con mi mama, viendo el noticiero de las ocho de la noche, y dan la noticia que se habían reportado los tres primeros casos confirmados de la pandemia de COVID-19 por el Comunicado Oficial de las autoridades sanitarias del Gobierno de Cuba los que correspondían a tres turistas italianos procedentes de la región de Lombardía, los cuales fueron confirmados por el laboratorio del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” (IPK), por tanto se declaraba como la fecha de inicio de la pandemia en el territorio nacional. Aunque antes ya había sido anunciada su inicio por la Organización Mundial de la Salud en el mundo, dado el aumento de la cantidad de casos de esta enfermedad que tenía síntomas respiratorios con un comportamiento igual en todos los países, y estaba costando la vida a muchas personas.

Días antes de este anuncio oficial, yo estaba en el preuniversitario con 15 años, terminando el décimo grado en la escuela militar Camilo Cienfuegos, en la localidad de Arroyo Arenas, en el municipio de La Lisa; durante esos días varios de mis compañeros se habían enfermado de un catarro muy fuerte, incluso yo mismo estuve enfermo con fiebre muy alta, mucho decaimiento y malestar general, por lo que llamé a mi mamá, para que me fuera a buscar a la escuela con urgencia y me llevaran hacer análisis para saber qué era lo que me pasaba. Afortunadamente fue un catarro muy fuerte como consecuencia del contacto con los otros compañeros del grupo que estaban en las mismas condiciones y que se agudizó en mí porque estuve haciendo guardia de recorrido durante la noche anterior.

Durante los días posteriores, ya estando en casa de reposo, los casos de catarro en la escuela fueron aumentando y a varios compañeros le dieron salida por presentar el mismo cuadro de fiebre alta, una semana después se hace el anuncio del día 11 de marzo y se suspenden las actividades escolares hasta nuevo aviso, o hasta que se decidiera qué hacer con esta situación en el país, por lo tanto mi incertidumbre creció porque faltaban apenas 4 meses para terminar el décimo grado y lo que si era evidente es que algo muy serio estaba por comenzar, cuando pasado siete días se determinó una serie de medidas por el Ministerio de Salud Pública que fueron inmediatamente trasmitidas por la radio y la televisión para que llegara al país entero. La epidemia había parado el proceso docente educativo y estaríamos en las casas con un sistema de teleclases para evitar la salida a la calle de los estudiantes…

Las teleclases comenzaron a organizarse y a dar horarios según el grupo, primaria, secundaria o preuniversitario; yo con la preocupación puse el teléfono con tres alarmas para que me avisara de lo que estaba haciendo en ese momento y poder grabar las clases, por suerte las clases las explicaban muy bien y de forma muy didácticas, algo parecido a lo que estaba acostumbrado con mis profesores en la escuela.

La adaptación a este horario, de levantarme y ver el turno de mis teleclases, fue difícil al principio, pero poco a poco le fui cogiendo el ritmo y me fui acostumbrando, ya después me dijeron mis compañeros que se podían descargar y que había paquetes en cubaeduca.cu que eran para cada asignatura y para cada grado, por lo que mi mamá me ayudó y me los descargó inmediatamente, así me podía sentar y revisar las clases sin que me faltaran por grabar y con más calma, por suerte para todos.

Mis compañeros y profesores hicieron varios grupos de chat por WhatsApp, de acuerdo a las asignaturas, los compañeros a veces tenían dudas y se ponían hablar para saber si eran dudas colectivas o individuales, los profesores comenzaron a orientar trabajos para que revisáramos de acuerdo a lo que se decía en la teleclase de la televisión y eso nos mantenía atentos y establecimos varios foros de discusión entre estudiantes y profesores que nos fue muy útil. El profesor de Historia fue muy serio y exigente con su asignatura y por otra parte la profesora más exigente fue la de biología que tenía a veces que volver a explicar lo que ella quería que se dijera en los trabajos prácticos. Muchas veces teníamos que repetir los trabajos, porque no entendíamos al principio el sistema virtual, ya que estábamos acostumbrados a la presencia directa de los profesores delante del alumno y no a través de un teléfono escribiendo o recibiendo orientaciones por un audio, o en las clases del televisor.

La experiencia fue muy grande, hoy me doy cuenta de eso, me hubiera gustado que hubiera sido de una forma más dinámica y más didáctica, porque a veces los profesores no se dan cuenta que ellos quieren enseñar un contenido, pero no todos los estudiantes lo captan con rapidez, algunos necesitan otras formas para poder comprender, y llenando las diapositivas de guiones y plecas no se comprende tanto como cuando se ponen figuras que dan más ideas de lo que se quiere enseñar o transmitir. Eso fue un cambio muy brusco que hasta ese momento para mí que había pasado una primaria y una secundaria con un profesor frente al aula con una pizarra, una tiza y el dictado, lo procesaba de forma diferente.

Puedo decir que a pesar de que los profesores de la escuela estaban al tanto de nuestras inquietudes, me sirvió de mucho poder tener los números de teléfono de mis profesores de la secundaria con los cuales tengo muy buenas relaciones y pude preguntarle a veces dudas que tenía a ellos que conocía mejor y teníamos más confianza, sobre todo a mis profesores de química, física y matemáticas que son las asignaturas que más me gustan y con las cuales estaba más familiarizado, aunque no quiero decir que la historia, literatura y lengua española fueran difíciles para mí, porque estas son de las que más me ayudaba mi mamá en cuanto a la redacción y la ortografía.

Por otra parte, en mi historia de vida, fue muy duro para mi separarme de mis compañeros de la escuela, como estaba en una escuela de formación militar siempre estábamos todos muy juntos y hacíamos las actividades en bloques, si teníamos que ir a las clases nos trasladábamos todos juntos, así como para el comedor, o para hacer ejercicios en los días que teníamos actividades deportivas, por eso y porque siempre estábamos haciéndonos bromas nos extrañábamos y comenzamos hacer planes para cuando se terminara el tiempo de la epidemia, unos querían planificar para hacer una fiesta, otros querían que fuéramos a un campismo, otros a la playa, pero lo que no sabíamos era cuanto tiempo duraría este problema epidemiológico y las consecuencias que traería para nosotros como personas y desde el punto de vista económico para el país, porque el gasto de los recursos fue bastante alto. Aquellos planes tuvieron que esperar muy buen tiempo y cuando volvimos a incorporarnos las clases tenían mucho atraso y lo menos que pensábamos fue en diversión, pero además porque pasaron varias cosas que nos conmovieron mucho y fue producto de la situación con la enfermedad.

Varios de mis compañeros en la medida que fue pasando el tiempo empezaron a salir a la calle, y algunos de ellos se enfermaron junto con toda su familia y a veces fue muy triste que cuando nos escribíamos recibíamos la noticia de que alguna familia estaba grave, ya fuera ingresado en los hospitales o convaleciente en su casa o de la familia. En ocasiones supe que se habían complicado y que estaban en terapia, por suerte la mayoría salió bien, pero lamentamos la pérdida de varios familiares de mis compañeros que si fallecieron y eran personas a las cuales habíamos conocido y con las cuales teníamos cercanía, supimos que una de las profesoras del pre le falleció el esposo, lamentablemente víctima de la enfermedad y asociado a otras enfermedades.

En mi familia también pasamos por esas experiencias porque falleció una amiga de mi mamá que eran como hermanas, ella se llamaba Alina Rodríguez Sánchez y también era doctora y trabajaba como parte de un equipo de médicos que se dedicaba a la atención médica en un municipio donde atendían a un grupo de ancianos, y ella cayó enferma, se fue complicando porque era hipertensa. Ella para nosotros era como familia y desde el punto de vista de personal y profesional, era muy querida para la familia, tenía una única hija autista, su esposo y sus padres muy viejitos, esta situación nos entristeció mucho y fueron largos días ingresada en la terapia intensiva, hasta que falleció, el resto de su familia por suerte se recuperó de salud física, pero quedaron desbastados ante esta situación, porque ella era el todo de su familia. Esto nos golpeó muy fuerte desde los sentimientos, todo nos parecía quebrado, como cuando se hacen pedazos los cristales y de un golpe y porrazo fragmentan. Todo me resultó triste en el abrupto acontecer de episodios dramáticos que nos hacían flaquear y fortalecer a la vez.

Un primo de mi mama, de Holguín, y toda la familia se enfermaron, pero él estuvo varios días muy complicado porque era chófer de guaguas de turismo e hipertenso, por suerte se recuperó. Por parte de la familia de mi tío materno, hermano de mi mamá también, se enfermaron la esposa y la hija pero la única que requirió ingreso fue la esposa de mi tío, con la cual todos los días teníamos constante preocupación por su estado y además porque también estuvo en terapia con mucha falta de oxígeno y con hepatitis para más complicación, a la vez tenía el COVID-19, por suerte se recuperó y poco a poco volvió a la casa a los 15 días aunque su estado era bastante débil cuando salió del hospital.

Durante el tiempo que estuve en la casa, mi mamá tenía que ir al hospital donde trabaja en el Instituto Cubano de Oftalmología Ramón Pando Ferrer y tenía que hacer algunas guardias, también vigilancia epidemiológica o cualquier otra tarea que le dieran, pero luego cuando la situación epidemiológica se hizo más complicada, les dieron otras tareas fuera del centro, y ella fue de asesora por el MINSAP de un policlínico que nos queda bastante cerca de la casa, el Policlínico Dr. Carlos J Finlay en Marianao, allí se iba muy temprano para hacer reuniones con los grupos de médicos y enfermeras de la familia, se reunía con los trabajadores del pesquisaje de fiebre, que eran de varios centros de trabajo y que estaban apoyando, y regresaba muy tarde, muchas veces tenían que hacer visita de trabajo a los consultorios y yo estaba muy preocupado porque solo somos nosotros dos y ella estaba muy expuesta por su trabajo, pero afortunadamente comenzó la etapa de la vacunación para mejorar los síntomas de la epidemia, a ella la vacunaron por ser personal de salud y estar en zona expuesta.

Cuando se tomó la iniciativa de salir por la noche aplaudir desde las puertas de las casas, los balcones, y portales en reconocimiento al trabajo de los médicos de salvar vidas, me enorgullecía saber todo lo que los médicos hacían por la población y las horas de dedicación que brindaban por salvar vidas, así que me sentí orgulloso del trabajo de mi madre y de sus compañeros médicos, enfermeras y enfermeros, técnicos y cuando comenzó la vacunación de los candidatos vacunales producidos en Cuba: Abdala y Soberana, me enteré que estaban buscando personal que supiera o que estuviera en la disposición de pasar los datos, le pedí a mi mamá que me autorizara porque quería poder trabajar en algo que me permitiera apoyar el trabajo contra la enfermedad y comencé ayudar a pasar los datos a la base de registros de vacunación de los pacientes del área.

Para hacer este trabajo nos dieron un entrenamiento, porque eran dos vacunas que se estaban aplicando a la vez en la misma comunidad, a los menores de edad y los mayores de 65 años, y luego a toda la población; para hacer este trabajo nos ubicaron en el joven club de computación de la zona de este policlínico y allí llegábamos temprano, nos sentaban a revisar todos los papeles con una persona que nos supervisaba, en ocasiones cuando no estaban completos los datos teníamos que esperar por la respuesta del consultorio al policlínico para obtener la información y pasarla a los registros primarios del departamento de estadísticas, donde todas las compañeras eran muy amables y yo las conocía a casi todas porque mi mamá trabajó allí como subdirectora de epidemiologia.

Fue una experiencia voluntaria, no remunerada y desinteresada muy importante para mí desde varios puntos de vista; en primer lugar, al principio sentí un poco de temor porque pensé que me iba a enfermar, y eso me hizo que tomara muchas más precauciones y por suerte no me enfermé o al menos no me enteré porque nunca me dio ni catarro durante ese tiempo; en segundo porque sabía que lo que estaba haciendo era útil para el registro de los vacunados de mi área de salud. A partir de ese momento me quedaba la satisfacción de que al menos, cuando el Dr. Francisco Durán, Jefe nacional de epidemiologia, hablara en la televisión sobre la estadística de los pacientes vacunados, no iba a mencionar mi nombre, pero yo sabía que estaba el reconocimiento a todas las personas que hacían posible la tabulación de los datos como él decía al final del parte de la televisión que todo el pueblo de Cuba esperaba con ansiedad.

El día que avisaron para que los estudiantes del preuniversitario fuéramos a vacunarnos me sentí muy orgulloso, porque enseguida pensé que mi nombre estaría registrado en la base de datos donde yo estaba trabajando, y me busqué en los tres momentos de la vacunación quedando registrado sin ninguna dificultad. Por suerte y alegría para mí en la vacunación coincidí con varios compañeros del pre que vivimos en el mismo municipio. Esta actividad fue de obligatorio cumplimiento e incluso sabíamos de la orientación que para incorporarnos a la escuela teníamos que tener todas las vacunas puestas, lo que nos daba una garantía para evitar las formas complicadas de la enfermedad como explicaban en las noticias de la prensa nacional.

Para ir al trabajo mi mamá me daba dos mascarillas, para protegerme y una careta plástica en la frente, pero además la ropa con la que venía de la calle siempre me la tenía que quitar cuando llegaba a la casa y ponerla en un cubo con detergente y lavarla para que le diera sol, hasta los zapatos los tenía que lavar y me conseguí unos plásticos porque los otros no se me secaban si los lavaba a veces de tarde o de noche para el otro día ponérmelos de nuevo. Así fui adentrándome en el trabajo de la informatización de las bases de datos y luego ese tema me gustó y me motivó a tal punto que cuando en el preuniversitario llegaron las carreras de estudio solicité informática dentro de mis opciones de estudios universitarios.

Por otra parte, también ayudé junto con otros compañeros de la zona a repartir los módulos de comida en las cuadras donde estaban muchas personas afectadas a quienes las aislaban en cuarentena para que no hubiera contagio. Para este trabajo teníamos días que comenzábamos desde temprano y volvíamos a dar dos o tres viajes porque las personas no estaban en esos momentos porque habían salido al policlínico para los análisis y teníamos que volver porque la entrega era personas contra la identificación personal, así que nos tocaba dar dos o tres vueltas hasta que hiciéramos la entrega personal. Las personas se sentían atendidas, y más los ancianos solos o las madres que tenían varios hijos, que no tenían más familia con ellas.

Mi barrio, en tiempos normales es un lugar tranquilo pero en los días de la pandemia, como es cerca de una avenida muy transitada, yo veía a las personas como salían caminando hacia distintos lugares y luego regresaban con paquetes de comida, eso a veces me hacía sentir mal, porque era como si las personas sintieran un hambre muy fuerte o muy grande, y por otra parte, la televisión orientando que las personas no salieran o lo hicieran de forma planificada, evitando las aglomeraciones, pero muchas veces había indisciplina social, por lo que se reportaban más casos. En una ocasión estaba mirando la cola del pan, donde yo iba y tenía en el piso las huellas de los espacios donde debían estar las personas paradas dejando una distancia por el medio, en el momento que decían que iban a despachar el pan todos salían corriendo y se aglomeraban y discutían por ser los primeros en comprar, viendo eso, muchas veces regrese a mi casa sin pan para no meterme en las colas y no enfermar, porque era más que evidente que allí estaban personas que pudieran tener la enfermedad y yo no estaba dispuesto a enfermar por la indisciplina de comprar el pan que lo podía hacer más temprano o más tarde.

En mi zona se crearon las tiendas donde se hacían las colas para comprar los productos e igualmente al principio fue muy desordenado, pero luego ya se crearon asociaciones de vecinos que se avisaban en las cuadras para que se supiera el día de la venta de los productos. Sin lugar a dudas la familia siempre encontró soluciones para las carencias de las cosas, y de verdad que fue muy fuerte llegar a tocar la puerta de los que no tenían a nadie que les diera algo más, pero por suerte la solidaridad del pueblo siempre sale a flote en tiempos de crisis y por lo menos con los delegados que me tocó trabajar siempre estuvieron muy preocupados por los casos que había que darle más atención.

Fue un momento de hacer muchas actividades de prevención con la población bajo condiciones de las que no estábamos acostumbrados porque muchas veces los pacientes no querían ingresar porque dejaban atrás sus cosas y sus familiares, y además estuvimos trabajando en los meses de mucho calor en la asistencia de los vulnerables, que era como se les llamaba a las personas que tenían problemas de salud y vivían solos, además de tener otras enfermedades, pero el tiempo nos fue enseñando que manteniendo las medidas de protección y la higiene se podía disminuir el riesgo de enfermar, por supuesto hacíamos varias actividades, pero siempre con mucha cautela y con la guía de los delegados y los líderes de la comunidad que eran los que conocían a la población de su zona.

Es muy importante reconocer que la mayoría de los estudiantes y jóvenes que estábamos participando en estas actividades tenían una alta percepción de riesgo y sabíamos que nos podíamos convertir en casos positivos si no nos protegíamos mutuamente, por lo que siempre que alguno se sentía mal, lo comunicaba de inmediato y se le hacia el test de COVID para evitar que el resto del grupo se enfermara. No era miedo, era la conciencia y la precaución para no enfermar.

Cuando se avisó de la incorporación a las actividades escolares, teníamos que llevar una serie de trabajos y además teníamos que redactar un escrito de las actividades que habíamos desarrollado durante la epidemia, así como escribir sobre algunos datos estadísticos que representaran nuestros conocimientos sobre lo sucedido en la epidemia, por eso que cuando me llegó la noticia de que podía escribir sobre esto, mi mamá me lo dijo y enseguida me acordé de lo que había escrito para mi profesora guía del preuniversitario por lo tanto me sirvió de recordatorio, y recuerdo que dentro de los datos que obtuve a través de Wikipedia del 2021 las cifras de casos reportados fue de 690.142 enfermos y 7.957 fallecidos lo que significó el 1.15 % posteriormente al cerrar la fecha de la epidemia gracias a las medidas que se tomaron, al trabajo del personal capacitado y a la rapidez en la puesta en marcha de los dos candidatos vacunales.

En el debate por esos trabajos, la profesora guía ponía el ejemplo que otros países más desarrollados y que igualmente habían cerrado sus fronteras y tenían vacunas supuestamente más eficaces y efectivas que las nuestras, no habían logrado un porciento tan bajo de fallecidos como logramos en Cuba y estos resultados significan un gran éxito para la estrategia cubana de vacunación que fue una gran iniciativa de un grupo de científicos bien capacitados y apoyados por el Comandante en Jefe de la Revolución Fidel Castro, quien adelantado para su época avizoró que tuviéramos un centro de desarrollo con nuestras propias vacunas que nos sirvieran para la protección de nuestra población al no tener forma de obtenerlas por la limitación del bloqueo de los Estados Unidos y además para que sirvieran como producto exportable para el mundo entero y sobre todo a los países más pobres, las poblaciones de menos recursos.

Nuestra Revolución se ha caracterizado por el humanismo, el internacionalismo y cómo esa ha sido una premisa importante, me pregunto… ¿Qué otra cosa podíamos hacer nosotros que protegiera a nuestro país con inteligencia y con el desarrollo tecnológico en cuanto a las vacunas que teníamos? Gracias a esas vacunas Cuba tiene hoy una industria que desarrolla vacunas que son únicas en el mundo y estas vacunas del COVID vinieron para demostrarlo. Mientras que las grandes empresas farmacéuticas pidieron ser las únicas reconocidas, aunque inseguras y costosas, con secuelas que hoy surgen con nuevas patologías, solo eran accesibles a la minoría de los países, nuestro país desarrolló sus propias estrategias con vacunas que demostraron ser seguras, estables, eficientes, eficaces en un alto por ciento.

Mis compañeros cuando entregaron sus experiencias que coincidían en un elemento principal que la profesora lo debatió bastante y fue la SOLIDARIDAD, ella encerró esta frase en un círculo en la pizarra y todos estuvimos de acuerdo que era la palabra central para enfrentar cualquier adversidad por difícil que fuera. Pudiera poner ejemplos de muchas personas que conocimos durante el tiempo que estuvimos apoyando en las acciones de la epidemia, lo mismo para donar medicamentos que para mandar comida a los médicos que estaban en el cuerpo de guardia, sería interminable los choferes que pudiéramos nombrar que nos trasladaron, en las poncheras que le pusieron aire o le cogieron el ponche a las gomas de nuestras bicicletas y le cambiaron los frenos gastados. Fue todo un país apoyándose para salir adelante.

Estas historias de vida afortunadamente tuvieron muchas enseñanzas y es una satisfacción como joven y cubano que soy, poder hablar de estos hechos que nunca olvidaré, por todo lo que significaron para mí y para mi familia. Pienso que es algo que le contaré a mis hijos y ellos a sus hijos, para que sepan las cosas que hemos vivido en tiempos de la epidemia del COVID 19, algo así, como lo que mi familia me ha contado cosas de sus historias de vida de los momentos que han vivido de la historia del país, cuando fueron alfabetizar para ayudar a los que no sabían leer y escribir y muchas historias de vidas más como la tiene cada generación en el momento en que le ha tocado vivir.

La epidemia se cerró con resultados lamentables, propios de la enfermedad que terminó con la vida de muchas personas jóvenes y otras no tan jóvenes que tenían muchos deseos de vivir como nuestra querida amiga la Dra. Alina y muchos otros profesionales de la salud que fueron valiosos, y que también los llevaremos siempre en el corazón.

A veces me sorprendo cuando me voy a referir a un periodo o a una fecha y digo como referencia si fue antes o después del COViD-19, ya que fue tan traumático que no será olvidado tan fácilmente por la huella psicosocial que dejó en la población.

He reflexionado sobre el impacto en mí de la COVID-19 y debo decir que siendo adolescente de 16 años, asumí con responsabilidad y disposición personal una función social como si fuera un trabajador más de los servicios médicos asistenciales. Mi labor de registrador para contabilizar los datos de vacunación y el resto de la información para los partes diarios me formó un hábito laboral y de responsabilidad, con la cual encaré, como si fuera un trabajador social, el traslado de alimentos y otras atenciones con casos vulnerables en la comunidad, lo cual me identificó con las necesidades, penas y dolores de una parte de la población, las que por edad, padecimientos, discapacidades u otras razones, están sometidas a vulnerabilidades que limitan su capacidad para ser y hacer con independencia de la protección de asistencia social que reciben. Estas personas que tienen alma, corazón y vida han resistido los embates de una pandemia con altruismos como altruismo ha sido el accionar de quienes desde el voluntariado decidieron ayudarles al llamado de las autoridades. Nadie quedó solo ni desatendido.

Siempre recordaré a los familiares y amigos fallecidos, al personal de salud que se contagió, expuso la vida y quedó con secuelas y a los que en su exposición enfermaron y murieron sobre todo con las cepas del virus que con mayor virulencia afectaron a la población cubana.

Hubo tantas páginas de dolor, desolación y muerte como de heroísmo a lo largo y ancho del país, también en otras naciones; hubo también, y debo reconocerlo con pena e indignación, el accionar de personas y familias irresponsables que por la inercia diaria y por sentirse infalibles e impunes, que perdieron la percepción de riesgo, se expusieron al contagio y contribuyeron a sumar cifras de contagios y fallecimientos. Muchos que violaron las normas del aislamiento y distanciamiento social, que hicieron fiestas, viajes a las playas y otras actividades sin la protección debida violando las normas de bioseguridad señalada por las autoridades sanitarias. Es una experiencia en la vida personal que hoy me sirve para la vida, que me prepara psicológicamente para los retos y desafíos de la vida diaria y que hoy asumo con optimismo y convicción profunda de las ideas de solidaridad y humanismo que ha acompañado al pueblo de Cuba desde el crisol de la nacionalidad cubana. La COVID-19 hoy es parte de las tradiciones y cultura cubana, que nos nutre y enriquece como pueblo y nación.

Con estas historias de mi vida durante la etapa de la epidemia de COVID 19 les dejo a los lectores interesados, mi experiencia y ojalá que no haya que contar otras historias como estas.

« Muchas Gracias »

Xavier Ramos Vilar

Xavier Ramos Vilar cuando escuchó por vez primera hablar sobre la rara enfermedad de la COOVID-19, surgida en China, solo tenía 15 años. Era estudiante del 10mo. Grado en la Escuela Vocacional Militar Camilo Cienfuegos, de Arroyo Arenas, municipio La Lisa, perteneciente a la provincia La Habana.

En este tipo de enseñanza se potencia la información y comunicación para la preparación política de los adolescentes que deseen optar por carreras militares para ser futuros especialistas de las fuerzas armadas del país, por lo que constituye un requisito estar al día con las informaciones nacionales e internacionales en todos los campos de la vida. Fue así que siguió el curso del virus SARS-CoV-2, Causante de la letal enfermedad COVID-19.

El 11 de marzo, cuando formalmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) declara el brote epidemiológico existente en todos los continente como pandemia y se reportan los 3 primeros casos en Cuba, coincide con la fecha de cumpleaños 16 de Xavier, fecha que jamás olvidará por las dramáticas circunstancias que debió vivir el mundo.

Cursa sus estudios primarios en la enseñanza primeria y secundaria básica en escuelas de su localidad e ingresa en la enseñanza media superior en los Camilitos.

Hoy con 21, el joven trabaja en el Departamento de Informática del Instituto de Cirugía Oftalmología Ramón Pando Ferrer, en La Habana, Cuba.

Su vínculo con Granjita Feliz le ha permitido desarrollar sus reflexiones sobre la pandemia.