Dominique Lévesque : Territorio baldío
Vuelvo a casa.
¿Nuestra casa?
¿Tu casa?
Vuestra casa.
La puerta que se abre.
Pasos furtivos en la cocina.
– ¡Hola!
– ¿Hola?
– Soy yo…
– ¡Ah! ¡No sabía que vendrías!
– Sí… perdona.
– Todo
bien, eres bienvenida cuando quieras.
El marco de la puerta detrás de mí.
Tus palabras en las
paredes.
Una partida de tenis.
Bang.
El árbol de Navidad.
Las manualidades colgando de las
ramas.
Los regalos cerca del tronco.
No hay ninguno para
mí.
Bang.
Vuestra mesa, vuestras sillas, vuestro mantel, vuestros
vasos.
vuestros tenedores, jabalinas en mi garganta.
Mi
boca, saqueadora de vuestra comida.
Bang.
Recuerdos fantasmas.
– ¿Te acuerdas cuando…?
– Yo no estaba.
– Ah. Perdón.
Vendrás la próxima vez.
– Sí.
– Aunque bueno… nunca vienes
a vernos…
Bang.
– Nos vamos a mudar a Rimouski.
– ¿Qué? ¿Cuándo?
– No
sé. En un año, o dos, o quince.
– ¿Y los niños?
– Vamos a
encontrar una escuelita por allá.
A ocho horas de máquina.
Ocho.
Ocho.
Ocho horas de
máquina.
Bang.
– ¿Cómo va la escuela?
– ¿Qué quieres estudiar en la
universidad?
– ¿Y tus amigos, cómo están?
– ¿Qué hay
de nuevo?
Otra vez
– Todo bien.
Y otra vez
– Todo bien.
Y
otra vez.
– TODO BIEN.
BANG.