Théane Pantélakis :El Antes
Una mañana me puse a leer los ingredientes de la caja de cereales, no para comprobar si el pantotenato de calcio seguía ahí, sino porque había dejado de hacerlo desde que desayunaba tostadas, ya que por las mañanas no tenía apuro. Las agujas giraban a la misma velocidad de siempre, pero últimamente todo parecía fuera de lugar. Como la espera en el andén de un tren, los días se eran largos, mientras que las horas desfilaban frente a mí desde la cabina sin que yo pudiera subirme. Sin embargo, mis cereales convirtiéndose en una especie de puré medio comestible, la enésima notificación más de un Google Meet a punto de empezar y nuestras plantas de interior marchitándose, me dejaban claro que los minutos se estaban escapando.El asunto era que las construcciones de casas de madera y drywall que antes veíamos multiplicarse exponencialmente desde la ventana del cuarto de arriba ahora permanecían abandonadas. El problema era que yo no contaba cuántas veces me ponía el mismo pijama, como para conservar un poco de dignidad. El problema era también que las cuatro paredes de mi cuarto no se movían y yo hacía lo mismo que ellas.Los discursos de los profes eran irónicos y flotaban sobre nosotros como un chiste en el que no sabíamos si había que participar o no: “Sobre todo, sepan que quedarse sentado más de 7 horas al día es muuuuy malo para la salud”. Así fue como, entre las funciones de variación inversa y los marcadores de modalidad, mi cama se volvió mi santuario durante quince minutos, cuatro veces al día.Ese período pudo haber sido una buena oportunidad para recuperar el sueño perdido desde cuarto grado, pero yo tendía a desafiar los límites del cambio entre la noche y el amanecer. Y luego, de repente, después de un verano que se esforzó por ser normal, después de horas mirando cómo mi flequillo crecía en una ventanita en la esquina de la computadora, después de coleccionar tests caseros en el botiquín, ya no quedaban más que las botellas de desinfectante regadas por los pasillos y las noticias trimestrales de una nueva variante que no durará mucho en un lugar desconocido como para recordármelo.Mientras más trato de juntar mis recuerdos, más se me escapan, corriendo y cerrando la puerta detrás de ellos. Detrás de la puerta que silencia los maratones de sitcoms, la historia de amor con el botón rojo de “terminar la llamada”, las fiestas en grupos pequeños, las restricciones para salir, se encuentra el antes.