Desafíos para el Bem Viver y las formas de cuidado entre los jóvenes guarani mbya
Las palabras de las y los jóvenes revelan también preocupaciones relacionadas con el Bem Vivermba’ekuai : modo de ser, manera de vivir. Conjunto de prácticas, valores, responsabilidades y dimensiones espirituales que organizan la vida de los Guarani Mbya y con las maneras de cuidar la salud emocional y espiritual dentro de la tekoácomunidad, territorio-colectividad; literalmente “el lugar donde se vive según el modo de ser”. Más allá de un espacio físico, es un territorio espiritual, político y relacional. Para varios y varias jóvenes, vivir en las fronteras de la ciudad intensifica tensiones y presiones cotidianas que no se refieren únicamente al individuo, sino que también afectan las relaciones con la familia, la comunidad y el territorio. Karaí Mirim (Bernardo) lo expresa de manera directa al decir:
Ser joven a veces es difícil, porque además del racismo afuera, también hay problemas en la casa… Hacen falta momentos para distraerse, para dejar de pensar en lo que nos hace daño. Porque cuando me quedo sin hacer nada, no logro dejar de pensar en lo que me hace daño. Por eso es importante tener encuentros como estos, para despejarnos.
Aquí, el dolor, lejos de permanecer aislado, aparece atravesado por las relaciones — por las expectativas, los cambios, las experiencias de racismo y de desigualdades, tanto dentro como fuera de la tekoá. El cuidado, por lo tanto, no se presenta como un proceso individualizado, sino como algo que se construye en la convivencia, en los encuentros, en compartir el tiempo.
La proximidad de la ciudad trae influencias y posibilidades que pueden fragilizar a laa juventud, lo que vuelve aún más importantes las redes familiares y colectivas como presencias de apoyo en sus elecciones de vida, como subraya Kuaray Mirim (Gustavo):
Tengo 16 años y ser joven guarani es poder contar con mi madre, porque ella me enseña a no hacer cosas que podrían hacerme daño — beber, fumar, inhalar — ella me ayuda a sentirme feliz, a seguir adelante.
La opyespacio sagrado donde tienen lugar los rituales, cantos, oraciones y orientaciones espirituales. Es un lugar de sanación, fortalecimiento emocional, continuidad cultural y conexión con los ancestros, (casa de oración) aparece como un lugar de fuerza, equilibrio y conexión ancestral. La música, la pintura corporal con jenipapofruto utilizado para la pintura corporal. Asociado con la protección, la fuerza espiritual, la belleza y la sanación. La pintura con jenipapo constituye una práctica fundamental de afirmación cultural y fortalecimiento del espíritu, el deporte y la convivencia son otras tantas formas de cuidado del cuerpo y del espíritu.
Esta palabra pone en evidencia la importancia de los vínculos familiares y de la orientación de los y las mayores. Aquí, el cuidado circula entre las generaciones, transmitido en la práctica, en la vida cotidiana, en los consejos y en la atención que se brindan unos y otras.
Al mismo tiempo, ser joven Mbya hoy significa enfrentar expectativas y presiones internas (la comunidad espera la continuidad y el fortalecimiento de su lengua y de sus tradiciones) y externas — como la necesidad de estudiar, trabajar y dialogar con el mundo de los juruaTérmino que designa a las personas no indígenas, particularmente a los blancos. En el texto, aparece en plural para designar el mundo exterior, sus expectativas y la lógica no indígena que muchas veces ejerce presión sobre los jóvenes. Este sentimiento puede generar tanto orgullo como peso. Se trata de llevar la continuidad de la cultura mientras se navega en estructuras que no fueron hechas para ellos y ellas.
Frente a todo esto, los jóvenes indican sus propios caminos de cuidado, que involucran tanto el cuerpo como el espíritu. La Casa de Reza aparece como un centro de fuerza, alegría, equilibrio y conexión ancestral. La opy es aquí un espacio de sanación, de conexión ancestral y de reorganización del mundo interior. Es un lugar donde se respira con el territorio, donde el cuerpo escucha lo que la voz de los y las mayores arraiga.
Además, prácticas como la pintura corporal con jenipapo, el fútbol, el uso del cachimbo, la música, la convivencia entre amigos y amigas y el contacto con diferentes territorios aparecen también como maneras de fortalecer el espíritu — no como “actividades aisladas”, sino como experiencias que alimentan la vida en común y reactivan el sentimiento de pertenencia.
Sin embargo, el diálogo constante con la mirada jurua también produce cansancio. Para Poty (Tayná) subraya que tener que explicar constantemente quiénes son y cómo viven puede resultar agotador, pero reconoce la dimensión política de esa perseverancia:
Somos la continuidad de nuestros y nuestras mayores. Tenemos una responsabilidad.
Así, el cuidado, para la juventud guarani mbya, está profundamente vinculado con el fortalecimiento de la cultura, no como algo fijo o congelado, sino como una manera viva de caminar juntos y juntas, de resistir a los prejuicios y de sostener la alegría. Aquí, el Bem Viver es un tejido de relaciones: con el territorio, con la espiritualidad, con los y las mayores y con sus propios sueños. Y eso es, al mismo tiempo, sanación y futuro.