Leyna de la Caridad Salazar Rodríguez : Recuerdos de la hija de una Médico de Familia
En la actualidad vivimos envueltos en distintos problemas, tanto de los derivados de las secuelas del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19 como de las consecuencias que en el orden de la economía nos dejó, junto con otras causas ocasionadas por el Bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba y de las propias deficiencias e insuficiencias del ordenamiento económico del país. Todo comenzó en marzo del 2019 en Cuba, cuando en el país se adoptaron las medidas de restricciones que implicaban el distanciamiento y aislamiento social. En ese momento los niños cubanos no teníamos una idea clara de lo que sucedía y acogimos inicialmente el encierro como unas vacaciones. Ya en semanas anteriores se oía a las personas comentar sobre un virus que ocasionaba muertes por el mundo y se habían detectado en Cuba algunos casos.
En diciembre de 2019, algunos dicen que en noviembre, una rara enfermedad por contagio de mariscos y pescado había provocado la muerte de numerosas personas en un lugar de China y que las autoridades de ese país serían acusadas por violar los derechos humanos al decretar el encierro obligatorio de una gran ciudad donde había surgido la enfermedad. Surgió un Síndrome anti chino promovido desde Estados Unidos y el gobierno del Presidente Trump, que mantuvo en su mandato una guerra comercial contra la nación asiática. Se trataba de un coronavirus que se transmitía entre animales y que también transmite su cadena al ser humano. El virus desconocido comenzó a atacar a todos los países sin piedad alguna, al principio parecía una simple enfermedad que no duraría mucho, pero luego terminó en un gran caos, pues el número de contagios y la gravedad de los mismos crecieron aceleradamente, y de una alarma para la humanidad, se convirtió en una pandemia declarada como tal por la Organización Mundial de la Salud; tanto es así, que estuvimos en cuarentena por prácticamente 4 años. Hubo millones de contagiados y muertos, y personas que no presentaban síntomas y estaban enfermas. Los sistemas de salud por todo el mundo colapsaban, los casos que se registraban en países asiáticos, en Europa, Estados Unidos y América aumentaban hasta que se confirmaron los 3 primeros enfermos en Cuba, turistas italianos procedentes de esa nación, ya habían enfermado cientos de miles de personas en más de 100 naciones y territorios repartido por todo el mundo. A estos primeros casos detectados el 11 de marzo, le siguieron otros, hasta que el 24 de marzo se decidió pasar al régimen de distanciamiento y aislamiento social, sin cerrar el país al mundo exterior aunque se aplicaron medidas restrictivas en frontera, aspectos que en aquellos años ignoraba totalmente por mi poca edad.
Con las medidas sanitarias de distanciamiento y aislamiento social se suspendieron las clases en todos los centros docentes de las diferentes enseñanzas y hasta en el nivel Superior, cerraron los espectáculos públicos, consultas hospitalarias y de policlínicas, teatros, restaurantes, actividades políticas ni marchas y concentraciones del Primero de Mayo ni por el 26 de julio; muchos trabajadores pasaron a laborar a distancia, desde sus casas y hubo restricciones de movimientos en las calles en los horarios de 10 de la noche a 5 de la mañana y después de 7 de la noche hasta las 5 de la mañana sin circulación de transporte público y otras restricciones. Hoy puedo escribir, pues me sometí a un proceso de investigación con familiares y vecinos y hemos reflexionado, ellos recordando y contando, y yo, además de viajar a mi pasado infantil, reflexionando, investigando, atando cabos sueltos de lo que aconteció en mi vida y que dejaron huellas profundas difícil de apartar de mis recuerdos, heridas profundas que aunque parecen cerradas, existen en sus marcas psicológicas y en mi espiritualidad.
En la actualidad estudio en la Secundaria Básica Víctor Muñoz, de Guanabacoa, concluí el séptimo grado y llevó varios meses en un taller donde hemos reflexionado sobre la COVID-19; pero, al reflexionar en el pasado cercano, recuerdo que cursaba el cuarto grado en la escuela primaria V Congreso. Allí mi primera maestra fue Ana María, con quien cursé el primer grado, era muy buena y aún la recuerdo con cariño, pero ella enfermó, incluso daba clases hasta en su silla de ruedas; del segundo al cuarto grado mi enseñanza primaria fue un desastre con la maestra que nos pusieron en sustitución de Ana María, esa maestra que ni su nombre quiero recordar a pesar que hoy no vive en Cuba, fue un desastre en mi niñez y me causó grandes problemas psicológicos y conductuales.
— No te puedes sentarte delante, eres una gordita, ballena — me decía la profe con aire despectivo.
— No veo bien desde allá — le decía yo señalando hacia el fondo del aula donde me obligaba a sentarme.
— las gordiflonas y ballenas no pueden sentarse delante porque no dejan ver a los demás —, indicaba la profesora con desprecio al tiempo que me tomaba y empujaba para que me sentara detrás.
Ella maltrataba a los estudiantes, les daba con la regla larga por donde le cogiera, a mí, que padecía de exclavaciones de glaucoma, no me dejaba sentarme delante y me decía: “tú por ser gordita, ¡ballena!, siéntate atrás”, no nos dejaba salir al receso escolar de merienda, nos dejaba en el aula y nos tenía amenazados, siempre decía que si nos quejábamos iba a ser todo peor, estábamos intimidados y cuando nuestros padres le decían algo, ella justificaba con una manifiesta ternura que luego se tornaba en una reprimenda contra los estudiantes. A mí, que era una niña obesa, con exceso de peso para mi edad, siempre me decía que yo era gordiflona y me parecía a una ballena por comer tanto, se burlaba de mí y hacía que otros niños se rieran y burlaran, yo era como un estorbo para ella. Me entristece recordarla por sus cosas, había un niño que orinaba mucho y terminó por no dejarlo salir y obligó a que orinara en la propia aula, sobre una frazada delante de todos y nos decía que en el aula no se podía tomar agua con la merienda para no tener que orinar después, todo con ella fue triste, éramos niños intimidados; pero, la pandemia llegó y fue la salvación, pues al retornar ya no estaba la profesora malvada en la escuela y, aunque terminamos con no buenos resultados académicos, comenzamos con otra maestra, Maribel Rencurrel, la que se hizo cargo del grupo y nos siguió hasta el sexto grado. A esta maestra, a Ana María y a la Directora de la escuela las recuerdo con cariñó, respeto y amor.
Con la pandemia las clases eran por el televisor, es decir, teleclases, las que se transmitían por varios canales y en diferentes horarios para todos los estudiantes de los diferentes grados y enseñanzas; aunque fue una alternativa, nunca es como la clase presencial, era muy aburrido dar las clases así, sin tener el acompañamiento de otros estudiantes, no ver a mis amigos, no poder jugar, ni hacer tonterías juntos, no poder abrazarlos, ni reír juntos, era realmente triste y un desconsuelo. Ya no podía ver ni compartir con mis amigas y amigos del aula, aunque hablaba por teléfonos todos los días horas con mi amiga Gabriela, con Vanessa, Isabela, con Miguel y otros; con algunos nunca pude hablar porque no tenían teléfono fijo, celular o teniendo este no contaban con saldo para llamadas extensas, además no es lo mismo la comunicación telefónica que la relación personal, ver el rostro, los gestos, la risa. La relación personal era a distancia, reprimida, coartada por las medidas higiénicas del distanciamiento y aislamiento social por el macabro virus con su ola de contagios y fallecimientos. Nadie nos podía ocultar la tiste y desoladora realidad, todos los días se veía el parte del Dr. Durán y su información de casi una hora diaria sobre contagiados, fallecidos, ingresados, recuperados y un sinfín de informaciones de Cuba y del Mundo. Los niños cubanos ahora estábamos informados y también tomamos consciencia del peligro aunque en cada persona y familia la percepción del riesgo era singular.
Con los días de encierro se bajaba la guardia y se perdía la plena percepción de riesgo y peligro, entonces asomarse a la puerta de la calle o mirar por la ventana parecía algo tonto y se aventuraban las personas a una vida más activa en los alrededores del vecindario. Traspasar el umbral de la puerta de la calle fue todo un reto que la familia a duras penas aceptó.
— Déjame ir al patio de Leudys, mamá —, insistía con mi mamá y mi abuela.
— No se puede salir, hay restricciones y no quiero problemas — repetían tanto mi mamá como mi abuela. Al pasar los días llaman a María Victoria, la mamá de Leudys,— a quien yo llamaba todos los días y el me embullaba para que fuera a su patio a jugar — y esta les dice a mi abuela y mamá, que sí, que en el patio no había peligro y lo que había que protegerse con el nasobuco o mascarilla y lavarse las manos y pues para entrar a las casas.
— No te puedes quitar el nasobuco, lávate bien las manos con jabón y lleva el ge — me dice mi mamá.
— Me dejas ir a jugar — repliqué, sorprendida todavía por la disposición, mientras que mi abuela con un gesto confirmatorio de cabeza asentía.
Esa primera salida después de varias semanas de encierro la recuerdo con sumo placer, Volé como el pajarillo que sale de la jaula, crucé la calle sin mirar porque ni autos pasaban ya por ella y penetré por el portón del patio de la casa de mi amiguito. Desde mi casa había escuchado el jolgorio, había niñas y niños, todos con nasobuco jugando a la pelota. Todos se alegraron de verme y por momentos nos olvidábamos de las medidas de bioseguridad, que en aquel tiempo yo asimilaba como tener nasobuco, conversar a distancia y lavarse las manos con jabón o desinfectante.
Al inicio la pandemia no fue tan agresiva y eso motivó que se perdiera un poco la percepción de riesgo, eso sucedió a escala social y en el seno de muchas familias pero también hubo mementos que el número de casos y fallecidos se incrementaba exponencialmente y se adoptaron medidas más extremas por el Estado y a nivel de las familias responsables, aunque siempre existieron los casos de negligencias junto a la necesidad de arriesgarse en largas colas en busca de alimentos y otros útiles del hogar indispensables para la vida del hogar. En ese momento las familias nos recogían y se hacía con el tiempo más lacerante el confinamiento del hogar.
— Cuando acaba esto — me preguntaba a mí misma.
— Cuándo acaba esto, mamá — le preguntaba a mi madre, también a mi abuela y papá con rostro de desconsuelo mientras ellos se mostraban evasivos y solo decían
— Ya se acabará, no te preocupes. Y yo volvía a quedar ensimismada y perdida en un sinfín de interrogantes a las que no encontraba respuesta en mi cabecita infantil, lo que recuerdo hoy, al pasar los años y agradecerle a la pandemia haberme dejado más fortalecida en mis pensamientos, sentimientos y en el actuar.
Hubo un momento de la pandemia que se retornó a la escuelas en determinados días y se mantenían todas las medidas de restricción sanitarias, aunque se había pasado a una fase que se creía podría llegar a la nueva normalidad en poco tiempo, fue en ese momento que retorné a las clases de baile en casa de Papito, un promotor cultural que lleva más de 50 años bailando casino y enseñando a adolescentes y jóvenes para los bailes de 15, desarrollando las coreografías para estos. Papito, quien vivía a una cuadra al doblar de la calle de mi casa, tenía en ese entonces un patio cementado y decorado donde realizaba sus ensayos; allí comenzaron a acudir adolescentes con nasobuco y él era muy exigente con las medidas de bioseguridad y le reclamaba a todos cumplirlas. Ni él ni su pareja ni ninguno de los que ensayaban enfermaron de COVID-19, todos fuimos afortunados. Yo acudía con varias amiguitas del barrio y, como yo tenía hecho santo de Yemayá con Chango desde los 4 años, modelaba con vestuario de Orishas en una agrupación de modelaje de un primo, quien también era payaso y que dedicaba sus días al mundo artístico y hacer dinero por esta vía con presentaciones en centros privados y en algunos centros de trabajo que lo contrataban para actividades. Fue algo inusual, mi inocencia era tal que no me percataba que cada vez que alguien mencionaba el nombre de mi primo, Papito se molestaba. Y llegó el día que me preguntó si yo estaba en la compañía de Refresquito, que era el apodo de mi primo y su nombre de Payaso, cuando le dije que era mi primo, de forma frenética me expulso del baile de Casino, lo que me dejó perpleja, reamente me sorprendió, aunque realmente no me interesó mucho pues me agotaba el baile en ese momento por mi sobrepeso.
Tanto en el baile de Casino como después, durante el momento de apertura y antes del encierro más prolongado, además de ir a cada de mi amigo Leudys, compartía con Yoelvis y con Eimey, varón y hembra que vivían también al doblar de mi casa, con ellos y otros amigos, jugábamos a los Escondidos –juego popular en Cuba, propio de los barrios populares y en los poblados del campo-, escuchábamos música, veíamos películas y también armábamos figuras con un Juego de Lego de Goma que un tío me había traído de Italia. Ese juego me encanta y junto con otros que tenían mis amigos, nos pasábamos las tardes armando figuras y creando todo lo que se nos ocurriera. Era una forma de ocupar el tiempo libre y en todas las casas los familiares exigían que cumpliéramos las normas de seguridad y distanciamientos, de lo contrario nos reclamaban y si incumplíamos, entonces se acababa la fiesta, realmente todas las familias con las que me vinculé fueron muy exigentes con nuestra protección, eran como guardianes de la realeza, sí, porque en Cuba los niños gozan de protección familiar y social en grado superlativo.
El distanciamiento y aislamiento social, tuvo numerosos impactos y brechas, desafíos y barreras y formas diferentes de saltos para obviar las medidas restrictivas de orden sanitario e higiénico epidemiológico; cuando estaba sometida al encierro total o después de los momentos de escape cuando soltaba amarras, llegaba el momento de soledad en el cuarto en el que en realidad no estaba sola, me acompañaba la música y 3 firmes y seguras seguidoras, mis bellas damas de compañía: Luna, Melody y Musa, 3 perritas del hogar, sin raza alguna, bien satas, comunes y extraordinariamente cariñosas. La compañía de ellas alimentaba mis sueños y sus juegos me mantenían en actividad todo el tiempo. A los fieles animales domésticos los niños les encantan y como yo era la única pequeña junto con ellas, nuestra relación era armoniosa y juguetona. Ya hoy no viven, las 3 fallecieron de vejez en diferentes momentos y las recordamos en el hogar por los años de vida con la familia. La música fue una acompañante que llenó mi ocio y cubrió todo el tiempo, me gusta desde pequeña toda la música, aunque prefiero la suave y en inglés, durante los días de pandemia escuchaba las canciones de Selena Quintanilla, la que le gusta a todas las adolescentes por el carisma de la cantante, su belleza y el final triste de su vida; también otros cantantes y grupos como Adele, Katy Perry, Tini, Erreway, Olivia Rodrigo, Justin Bieber, Michael Jackson, Luis Fonsi y otros artistas y grupos musicales. La música junto a la telefonía celular y las redes sociales constituyeron leales amistades para disipar los lamentables difíciles momentos que provocaba el encierro de la pandemia; sí la música era importante, las redes sociales también lo fueron, no solo era usar el celular para las llamadas que nos hacíamos, interactuar en Facebook, Instagram, YouTube y otras plataformas fue un aprendizaje que nos dejó la pandemia; es cierto que es algo impersonal que no puede sustituir jamás el contacto físico con el ser querido, el amigo o el sencillo conocido a través de las redes, aunque sea por medio de una video llamada o cualquier otro medio comunicativo de los tan variados que existen en la comunicación social y que fui conociendo.
En este momento que la pandemia había cedido inicialmente, pues con la introducción de otras cepas en el país de un brote epidémico se pasó a una transmisión autóctona limitada, que ya les contaré; pero, en el instante inicial de suspiro, además de los juegos en la cuadra, el baile y otras actividades cercanas al hogar, conversé un día con Gabriela, mi mejor amiga, y ella me comentó que estaba muy deprimida y me pidió un consejo para sus problemas basada en que yo leía mucho y podría aconsejarla, varias veces hablamos del mismo asunto y me dispuse a buscar en las redes temas de psicología y encontré unos cursos on line sobre la materia, casi me creí psicóloga, pues al estudiar temas sobre la personalidad, temperamento, carácter, del ser y el pensamiento, de los problemas conitivos; en fin, sin estudios previos, me resultó difícil pero asumí el camino y encontré como mejorar la autoestima y ello me sirvió para mis problemas y para los de mi amiga. A mis 10 años de vida no tenía definida una orientación profesional pues no había encontrado vocación para ninguna actividad; fue en el marco de la pandemia y el deseo de ayudar a una amiga lo que me permitió encontrar mi orientación profesional, hoy sueño con estudiar Psicología en la Universidad. La psicología básica o general y la psicología social son asignaturas que en cualquier especialidad de las humanidades brindan aportes para estos estudios.
Cuando las nuevas cepas de la COVID-19 invadieron Cuba y provocó un auge exponencialmente alto en la aparición de casos, el distanciamiento y aislamiento social cobró un auge pues la cantidad diaria de contagios y los fallecidos se incrementaron por días y semanas, lo que parecía no tenía fin, las lecturas de psicología me permitió desarrollar una capacidad elevada de resistencia a pesar de mis corta edad. En este marco sufrí el contagio de mi madre y de mi abuela, lo que me obligó a estar casi totalmente confinada en mi cuarto, con todas las consecuencias que se derivan de una enfermedad con alto grado de transmisión. Ya en este instante los casos contagiados sin grandes complicaciones hacían el aislamiento en sus propias casas, en nuestro hogar existían las condiciones para el aislamiento de las dos enfermas, mi madre y abuela, los seres más queridas por mí, lo que obligaba a la adopción de todas las medidas para que yo no me contagiara; tuve que desarrollar una capacidad grande y singular para soportar el encierro, fue algo que me obligó por semanas a un control elevado sobre mis actos y movimientos en el seno del propio hogar y así comencé escribiéndole historias a mis mejores amigas, un día una de ellas me pidió una historia de fantasía que trataba sobre unos personajes ficticios de los cuáles ella era fan y ahí empezó mi nuevo hobbie, el que tuvo como punto de partida cuando mi abuela y mi mamá enfermaron del virus, no podía acercarme a ellas, fue muy estresante verlas pasar por eso. Escribir fue una manera de entretenimiento que encontré y me hizo realizarme.
Y tuve que ser fuerte ¡muy fuerte! Mi prima mayor, en este propio marco de la pandemia, en el momento más complejo de propagación y transmisión de los contagios, falleció. Sufrí la muerte de mi prima mayor, Rosita, a quienes todos llamaban Lotty, de 52 años de edad, quien no resistió un infarto masivo por el que murió. Ella había sido la persona que me inspiró para escribir y quien escuchaba atentamente los escritos que yo hacía para Whuarpad; el fallecimiento de mi prima se me ocultó por semanas, la familia, no querían que yo sufriera el acontecimiento y eso me molestó, pero tanto la enfermedad de mi madre y abuela, como la muerte de mi prima querida me fortalecieron en mi conducta, y eso lo debo a las lecturas que realicé sobre psicología, las que contribuyeron a elevar mi autoestima y mirar los acontecimientos con diferentes visiones. Mi propia religiosidad constituyó, junto con la psicología, una fuerza extraordinaria para seguir adelante con optimismo y fe.
Aunque parecía no acabar la pandemia y las personas nos acostumbrábamos a la triste realidad de los contagios masivos y las muertes diarias de personas que se reportaban en los partes diarios, las colas que había que hacer para la adquisición de productos de primera necesidad, junto a las medidas que se aplicaban en el país y los llamados al orden y la disciplina en cuanto a las medidas de bioseguridad, el desarrollo de la vacuna en el mundo y los 4 candidatos vacunales desarrollados por los centros de investigaciones de Cuba, y la adopción de Abdala y Soberana II en el esquema nacional de vacunación, posibilitó la gradual disminución de casos reportados diariamente de contagios. Primero fue el autorizó para vacunar a los mayores de 19 años, priorizando a los adultos mayores, y posteriormente se aprobó la vacunación de los menores en diferentes edades hasta completar toda la población cubana. La cantidad de contagios y los fallecimientos fueron disminuyendo y paulatinamente ocurrió la gradual apertura de actividades productivas y de servicios.
Pasados unos meses hicieron una vacunación en mi escuela donde pude ver de nuevo a las personas que tanto me hacían felices, en esas pocas horas que estuvimos juntos me divertí mucho ya que había soñado con ese momento durante meses. Cuando el virus parecía estar desapareciendo decidí ir a visitar a mi mejor amiga, fui a su casa y nos divertimos a pesar de la situación en la que estábamos, pudimos sentirnos liberadas de la presión que nos causaba el encierro de la pandemia; disfrutamos de conversar, hacer cuentos, reir a carcajadas, recordar la escuela, el tiempo transcurrido, las novedades, las penas y el vacío que nos dejó tanto tiempo encerrados, confinados al cuarto, o dentro de la casa o en el entorno familiar siempre con nasobuco y medidas de protección. Fue esa primera salida como la bandada de aves que por el espacio circundante vuelan en libertad, como el enjambre de abejas cuando se trasladan en busca de un nuevo territorio: libertad, libertad; pero, al momento la responsabilidad por mis actos me llevó a rectificar y retornar a la casa sin la realización de otras visitas.
Con el inicio y finalización del proceso de vacunación fueron disminuyendo los casos, progresivamente se restablecieron actividades y servicios, al tanto que gradualmente se realizó la apertura al mundo exterior. En ese marco y todavía con el CUC como moneda de cambio por la divisa extranjera y antes de iniciarse el Ordenamiento que desordenó la economía cubana mucho más de lo que ya estaba como consecuencia de la crísis económica mundial generada por la pandemia y las restricciones del Bloqueo de Estados Unidos, mi madre ya físicamente repuesta de la COVID-19 — enfermedad que no dejó huellas ni secuelas ni en ella ni en mi abuela, quienes sufrieron del virus sin mayores complicaciones., decide viajar a Rusia junto con otras 3 amigas del barrio, las cuatro con negocios personales como cuentapropistas y emprendedoras, las que con decisión se dispusieron a viajar y afrontar riesgos sin conocer a nadie en ese inmenso país. Ellas fueron solo a Moscú y sus alrededores, donde gestionaron sus compras para reiniciar sus respectivos negocios en mejores condiciones; allí no conocían a nadie y fueron a pecho sin conocer una palabra de ruso, pero usando el traductor del celular. Fueron dichosas y se encontraron con un cubano que les tiró un salve y les puedo aperturizar un camino no exento de dificultades aunque más expedito para transitarlo con logros positivos. A su regreso, cargada de los insumos necesarios para el trabajo y otros útiles indispensables para la vida del hogar, mi mamá me trajo unos dulces finos pequeños, muy ricos, y otros con maní; no obstante la advertencia para que no me los comiera todos juntos, pues eran bastante, en evitación de más digestión, no pude contenerme y en la noche madrugada me harté y todos los comí con una apetencia inaudita; dormí asqueada y al amanecer el malestar sin deseos de desayunar y con el estómago y abdomen duro y como inflamado, con náuseas y malestar general. Sentí miedo y a la pregunta sobre los dulces confesé que todos los había comido en la noche-madrugada. Fue un día muy malo, llegaron los vómitos y las diarreas, no había forma de contenerlas, me pasaron la mano como se dice, y nada, ni mano ni nada, me llevaron al médico, me pusieron plan por una intoxicación alimentaria pues soy alérgica a los frutos secos y solo con los días pasó el mal rato, malestar que fue como una bendición, pues les recuerdo que al inicio comenté que era muy gordita, como una tonina, obesidad que con la pandemia se había acrecentado. Pues bien, vómitos y diarreas me provocaron la pérdida de peso en pocos días, eso fue como una suerte enviada, pues a partir de esta dolencia mi dieta disminuyó y junto con el estrés por la enfermedad y todo lo que me ocasionó, dejé mi gordura y mi cuerpo adquirió otra figura. A partir de la tercera dosis de la vacuna Abdala, que fue con la que me inmunizaron mantuve el peso que hasta el día de hoy tengo. Ya nadie me dice ni gordita, ballena ni recuerdan siquiera que yo era gorda
Luego comenzaron los problemas económicos del país, cosa que no nos correspondía pero si nos afectaba.
Llegó el día en empezaría la escuela de nuevo gracias a que habían bajado los riesgos de muertes y las personas enfermas eran muy pocas. Pude ver una vez más a las personas que tanto había extrañado y pudimos juntos dejar atrás todos los malos recuerdos y experiencias desagradables.
No todo era felicidad porque éramos conscientes de que en poco tiempo nos íbamos a separar.
Ahora en la actualidad cada uno está cogiendo su propio camino y armando su propio futuro, en cambio a mí solo la música pudo sacarme del pozo de desesperación en el que me vi sumergida tras la muerte de mi prima, quién era una persona muy cercana a mí. Esta fue una trágica manera de darme cuenta que la muerte puede llegar cuando menos te lo esperas y tuve una gran inspiración de seguir escribiendo y recordé una historia que había estado escribiendo y la había pausado porque me había quedado sin ideas, necesitaba la opinión de alguien y le pedí a mi prima que la leyera y le encantó, al ver esto quise seguir escribiéndola y la publiqué en una aplicación de escritura llamada Datada, a las personas les encantó y me dieron mucho apoyo, hoy en día no he terminado la historia pero sigo recibiendo comentarios de apoyo para seguir adelante con ella.
Poco a poco empecé a recuperar traumas pasados, empecé a desarrollar una gran inseguridad sobre mi cuerpo ya que era un poco obesa y recibía diariamente comentarios sobre eso. Sentía desahogo en la escritura ya que me gustaba entretener a las personas, lo que empezó como un hobbie terminó como una manera de sentirme bien conmigo misma. Nunca encontraba nada en lo que fuera realmente buena, algo que quisiera estudiar en el futuro, hasta que buscando en internet descubrí una carrera que me encantó, psicología, hice algunos cursos en internet por lo que puedo reconocer y tratar algunos traumas o problemas mentales.
Desde Marzo de 2019 escuchar música se convirtió en otra forma de desahogo y desde entonces todo en mi depende de cada canción que escuche. En cuánto me coloco los audífonos todo a mi alrededor deja de existir, mi única preocupación es encontrar la melodía exacta para mi vida. La música para mí es oxígeno.
Para concluir mi artículo sobre las remembranzas de la COVID-19 les dejo lo que en los días de la pandemia, con 9 años, escribí fruto de mi imaginación fantasiosa.
A continuación se los ofrezco.
WATTPAD
La reencarnación es un tema que aún no tiene respuesta pero…realmente es capaz de que exista vida luego de la muerte. Y en caso de que exista,
¿Puede un alma reencarnar sin siquiera morir la persona? ¿Puede una persona tener un cuerpo en movimiento sin tener alma?
Esto lo descubrirá Diana a través de una larga búsqueda luego de que una persona sin alma muera asesinada por otra en su misma condición delante de sus ojos.
Al inicio de su pequeña aventura conocerá a dos personas que cambiarán totalmente su vida: Adrián y Kim, uno en su misma situación y la otra simplemente con una vida demasiado aburrida como para quedarse de brazos cruzados al saber que su alma puede haber estado en el cuerpo de otra persona que seguía con vida hace poco tiempo.
Capítulo 1 : Búsqueda de almas
Mi nombre es Diana, tengo 18 años, mi vida era totalmente normal hace un año hasta que dejó de serlo el día exacto en que me cayó aquella corona en la cabeza y presenciar la muerte de la persona que la lanzó
Todo comenzó el 15 de marzo de 2017 cuando salía de la biblioteca para dirigirme a mi casa, como siempre ha de destacar que cruzaría aquel barranco pero no desde arriba sino desde abajo cualquier persona que pisara ese lugar caería hacia abajo y moriría al instante.
Ese fue el caso de Daya una chica que lanzó “su corona” hacia mi haciendo que caiga directamente en mí cabeza.
¡Al quitármela miré hacia arriba y ella ¡Me está sonriendo ¡
Segundos después pude escuchar un disparo y su cuerpo cayó justo delante de mí, creo que el destino no me quiere, pude notar que llevaba un uniforme con un nombre de identificación “Daya”
La pregunta era ¿Quién era ella y que tenía que ver conmigo? Reaccioné y fui a buscar a alguien
— Disculpe — dije al oficial de la comisaría que estaba por la zona- Hay una chica muerta que cayó del barranco
— Ok — dijo en un tono de indiferencia.
— Le da igual que haya muerto alguien — dije indignada
— Si — luego de esa respuesta se levantó y se dirigió al fondo del lugar.
Al ver su tono salí de la comisaría y fui justo donde sucedió aquel incidente, pero me llevé una gran sorpresa cuando el cuerpo de Daya no estaba allí, miré hacia los lados para comprobar si estaba totalmente sola y eran 9 y 30, entonces.
— Desapareció — Susurré.
— Creo que si — y escuché una voz detrás de mí. Creí que era un acosador o algo. Pero cuando me giré ¡Dios mío! ¡Estoy viendo bien! Un chico más alto que yo, con el pelo rubio y ojos grises, parado frente a mí, creo que hasta se me olvidó como respirar.
— Dónde está el oxígeno cuando se le necesita — me pregunté no sin temor.
— ¿Quién eres? — Hice una pequeña pausa para escanearlo, ¡Como es que esta tan bueno! — ¿Quién eres?
— Adrián, mucho gusto — dijo e hizo un gesto para ofrecerme la mano, pero al ver que lo ignoré, decidió volver a hablar- ¡Y tu mal educada! ¿Cómo te llamas?
—¡Diana! — respondí lacónica.
— Ok, Diana — Será posible cómo es que mi nombre ahora me gusta más, pensé. — ¿Qué relación tenías con Daya? Preguntó el joven
— ¿Tú la conocías? — Pregunté evitando su pregunta
— No, solo conocí a quién la mató
— ¿Conociste? O sea, ¿murió?
— Si
— Pero Daya murió hace solo unos minutos
— Si
— Y dices qué quién la mató estaba muerto
— Si
—¡Quieres dejar de decir si¡
— Joder Diana baja el volumen
— No te conozco y ya te odio- replique molesta y sorprendida
— Dudo que llegues a odiarme —.
— Explica lo que decías antes- le dije evitando tal respuesta que me desagradó totalmente
— Pero tenías razón, ¡eh!
— ¡Cállese! —
— Esa persona era Adrik, estaba vivo; pero, solo tenía la mitad de su alma, ya que esa mitad que le faltaba está en otra persona-Explicó
— En ti — Deduje
— Exacto. Y el caso de Adrik era el mismo que el Daya… o sea
— Que la mitad de su alma estaba en mí
— Está — Corrigió
— Contestando a tu pregunta yo no conocía a Daya sino que… —
Y le expliqué todo lo que pasó, como llegó a mí la Corona y lo de la Comisaría. Luego fuimos hacia un lugar que Adrian llamó como “Mi lugarcito seguro”, pero yo sinceramente lo vi mas como “mi lugarcito sucio” ya que estaba lleno de restos de comida
Una pregunta — dije curiosa — ¿Qué edad tienes?
—19 ¿y tú?
—17- expresé
— Que pequeña — dijo-Imbécil — Susurré, aunque fue en vano, ya que comenzó a reírse.
Al entrar en una de las habitaciones solo vi a una chica de unos 17 años igual que yo, de nombre Kim la reencarnación de June
Capítulo 2 : Búsqueda de Almas
June era una amiga de Adrik lo raro es que Kim actúa todo el tiempo como un gato y desconozco la razón
— Bueno — Dije tratando de comenzar un tema de conversación.
— Vuelvo ahora -Dijo Kim
En cuanto Kim se fue Adrián se levantó de su asiento y se acercó a mí de tal manera que me acorraló contra la pared
— Que haces
— De lejos no se ve que tus ojos son marrones más bien se ven negros como tu pelo sabes
— No, no lo sabía puedes alejarte — Dije pero al ver que no se movía volví a hablar-Ahora
— Ok, Ok — Dijo y se separó de mi
Pero lo sorprendente fue que antes de separarse cortó la poco distancia entre nosotros y unió mis labios a los suyos formando un pequeño beso. Luego de eso se separó y se sentó de lo más normal de lo más normal. Justo cuando iba a hablar entró Kim
— Chicos tenemos que irnos rápido — Dijo agitada
— Que pasó — Dije asustada al ver el estado en el que se encontraba
— Nos han encontrado — Dijo
— QUE — El grito de Adrián resonó en todo el lugar
Antes de que Kim volviera a hablar abrieron la puerta y efectivamente Kim tenía razón unos agentes como unos 10 entraron lo que sucedió después fue tan rápido que apenas lo pude analizar
— Adrián y Kim saltaron por la ventana y tuve que seguirlos si en algún momento aprecié mi vida
— Subimos a una caravana que os juro no haber visto en ningún momento
— Adrián arrancó la caravana mientras Kim y yo nos acomodábamos-dato curioso casi beso el piso —
— Cuidado Diana — Dijo Kim — Podías haberte echo daño
— Tienes razón soy tonta
— No lo eres cualquiera se puede caer con este de conductor-Dijo haciéndome reir casi al instante
— Queréis callaros — Son las 12 de la noche duérmanse — Dijo Adrián, alguien me puede decir cómo es que sigue tan tranquilo
— Y tú no duermes — Pregunté
— No, tengo que conducir
— Ok
Me acomodé y Kim me explicó que iríamos a una casa más cerca de la ciudad-ya que donde yo vivía era más cerca del campo que de la ciudad-
Horas después Adrián nos despertó eran como las 10 de la mañana ya que habíamos legado a la casa
Sinceramente prefería esta estaba ordenada
No era una casa en si era como un apartamento grande tenía su cocina su baño y dos habitaciones una con una cama matrimonial — veo que el destino sigue jugando conmigo — y otra con una litera, a mí y a Kim nos tocó la litera
— Que injusticia — Dijo Kim — Él se queda con la cama grande y nosotras teniendo que compartir — Fingió llorar con cierto dramatismo
— Tienes razón pero bueno a lo mejor podemos ser amigas no
— Amiga mía eres desde que Daya murió así que puedes confiar en mi para todo-Dijo y se acomodó en la parte de arriba de la litera-Por cierto pasó algo entre tú y Adrián cuando yo me fui-Dicho esto emitió un ronroneo gracioso
— No para nada — Mentí
— Venga ya
— Bueno puede que algo
— Un kiss kiss
— Si un kiss kiss
— Lo sabía cuánto te apuesto a que Adrián está interesado en ti
— Lo dudo
— Por qué
— Nunca nadie se ha fijado en mí
— En serio pero si eres hermosa mira, tú pelo es negro y ondeado tus ojos son marrones y tu piel es algo bronceada — Si en mí se han fijado como en ti no
— Tú también eres bonita
Sinceramente Kim es muy bonita su pelo castaño y lacio y sus ojos algo azules pero oscuros
— Bueno quiero saber más de ti cuéntame sobre tu vida-Dijo Kim
— Bueno tengo 2 hermanos los dos hombres uno de 7 años y otro de 20
— Ummm interesante Miau-El de 20 está bueno
— Bueno su pelo es negro y sus ojos azules hace ejercicio todos los días y tiene abdominales
— Si esta bueno
— Estudio medicina
— Uh una carrera difícil
— Literal — Luego de eso se escuchó un estruendo
— Tengo hambre y tú
— También
Al salir vimos que Adrián estaba vestido
— Vístanse mis amores empezó la búsqueda — Dijo dramáticamente